Nosotros

HISTORIA

En 1826 el Congreso Local del Estado de Nuevo León concede el carácter de Universidad al Seminario de Monterrey en la Ley del 14 de mayo de 1827 para que pudiera conferir grados mayores de Teología y Derecho de acuerdo con los estándares establecidos. Posteriormente, en el año de 1857, el Seminario de Monterrey se dedicó únicamente a los estudios eclesiásticos (para conocer más puede dar clic aquí).

En el año 1991 se recibe el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios del Estado de Nuevo León a nivel Bachillerato, en el 2009 el de la Licenciatura en Filosofía, 2011 el de la licenciatura en Teología y en el 2014 se abren las puertas del Bachillerato a hombres y mujeres que deseen estudiar la preparatoria. A partir de ahí comenzó un crecimiento importante del Instituto de la Arquidiócesis de Monterrey, hasta consolidarse la realidad que celebramos hoy: el nombramiento de la Universidad de la Arquidiócesis de Monterrey, que cuenta con cuatro campus, cuatro bachilleratos, cuatro licenciaturas, tres maestrías y más de veinte cursos y diplomados.

QUIÉNES SOMOS

La Universidad de la Arquidiócesis de Monterrey es una comunidad educativa de excelencia académica, donde docentes y alumnos encuentran un espacio para reflexionar con espíritu crítico en las verdades fundamentales del ser humano, la sociedad y el mundo en el que vive, para fortalecer su opción fundamental por una sociedad más justa, solidaria y promotora de la vida, la verdad y el encuentro.

El alto nivel académico de nuestra universidad se consolida con docentes altamente capacitados entre los cuales contamos con reconocidos catedráticos; además de programas de estudio competitivos a nivel nacional, así como estrategias, recursos pedagógicos y tecnológicos en constante actualización.

¿Por qué el lema “Una escuela para la vida”?

La Universidad de la Arquidiócesis de Monterrey es una escuela para la vida, donde se busca preparar al joven para enfrentar y transformar el mundo de hoy, dándole las herramientas necesarias para vivir cada circunstancia, situación, acontecimiento y etapa de su vida con plenitud. De esta forma, el paso por la Universidad requiere ser contemplado más allá que una instancia de acervo académico, sino un verdadero lugar de encuentro y una experiencia de vida.

Fortalezas

  1. Formación Integral: Nuestro modelo pedagógico reconoce que acompañar en la vida es fundamental en el proceso de desarrollo. Todos los que participan en la educación deberán superar el riesgo de sólo proveer información, para convertirse en formadores, guías y acompañantes, de tal manera que todo proceso educativo sea una integración a la vida.
  2. Persona en el centro: La persona posee por si misma un valor único e insustituible; nuestra responsabilidad como formadores consiste en ayudar al estudiante a reconocer sus dones, cualidades, emociones y llevarlas a la plenitud.
  3. Oportunidades para los que más lo necesitan: En algunos sectores de la sociedad se manifiesta la cultura del descarte, donde se excluye a todo aquel que se considera incapaz de producir. En la Universidad de la Arquidiócesis de Monterrey creemos que todos los jóvenes son valiosos, cada uno de ellos debe recibir una oportunidad de crecimiento, si se les acompaña adecuadamente todos pueden desarrollar sus habilidades y potencialidades específicamente humanas.
  4. Formación para la vida: Se le brinda al joven un acompañamiento en todas las áreas de su vida, ofreciendo espacios de reflexión donde se descubra amado y acompañado en su camino de crecimiento personal, familiar, social y con el mundo que le rodea.
  5. Coaching de Vida: El acompañamiento es un elemento esencial de nuestra formación, brindamos a nuestros estudiantes herramientas para tener claridad en la vida y tomar decisiones a corto, mediano y largo plazo.
  6. Verdad, academia y ciencia: buscamos tener un alto nivel académico siendo responsables de fomentar el estudio, la ciencia y el espíritu crítico en su relación con la verdad, la justicia y la dignidad humana.
  7. Cultura del encuentro: En nuestra universidad se favorece la sana convivencia entre toda nuestra comunidad educativa, generamos momentos que impulsen la unidad, la fraternidad, y el diálogo, reconociendo que todos somos distintos, pero podemos unirnos para colaborar en el bien común.
  8. Disciplina: Somos conscientes que todo proceso de crecimiento requiere dedicación, constancia y acompañamiento. La disciplina es fundamental en el proceso de formación, nuestros reglamentos basados en la dignidad humana, forman en nuestros alumnos una conciencia recta en torno al bien común y la libertad, integrando los valores a la propia vida.